La víctima de un patinete pide ayuda a la telefonía móvil

Un hombre atropellado en la acera lucha ante la fiscalía para localizar a la autora, que se dio a la fuga


La radiografía y la foto muestran la fractura de la víctima.

La víctima de un accidente absurdo, pero cada vez más frecuente en las ciudades, pedirá ayuda a la red de telefonía móvil para tratar de localizar a la joven del patinete eléctrico que le atropelló el pasado 5 de abril, sobre las 8:15 horas, en la calle Sant Ramon, de la localidad barcelonesa de Cerdanyola del Vallès. Como cada día, desde que fue operado de una fractura de tibia y peroné, Manel A., de 66 años, salió a dar un paseo.


Los médicos le recomendaron caminar para fortalecer la musculatura y acelerar la rehabilitación de su intervención quirúrgica en la pierna derecha. Aquel día el paseo se convirtió en una pesadilla, que no solo no facilitó su recuperación, sino que la empeoró. Una adolescente le embistió en un patinete eléctrico y se dio a la fuga. La víctima no se podía incorporar del dolor: a raíz del golpe se fracturó el fémur de la misma pierna.


Tuvo que someterse a una nueva operación y permaneció ingresado cerca de dos meses en el hospital Parc Taulí de Sabadell. “Tendré secuelas toda la vida”, explicó ayer, todavía no recuperado del susto que le dieron hace dos semanas, cuando estuvieron a punto de atropellarlo de nuevo en la misma zona. “¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo si ya ni en las aceras podemos estar tranquilos?”, se pregunta.


Albert Ferré, el abogado de Manel y experto en accidentes de tráfico, cree posible encontrar a la culpable y cumplir el deseo de su patrocinado. ¿Cómo hacerlo? Recurriendo a la tecnología. Su cliente calcula que la conductora del patinete tendría entre 14 y 16 años (los menores de 16 no pueden manejar este tipo de vehículos, según la nueva normativa de la Dirección General de Tráfico). Probablemente se dirigía a un centro académico.


El letrado Ferré está convencido de que unos padres que le compran un patinete eléctrico a una menor también le habrán regalado un teléfono móvil. “Eran las ocho de la mañana, con muy pocas personas circulando por esa calle. Sería muy fácil cruzar la información de las torres de comunicación cercanas para saber qué móviles estaban conectados en ese momento en esa zona concreta”, sostiene este jurista.


Manel A., ya jubilado, fue mecánico de maquinaria. Recuerda que la joven se quedó un instante junto a él y luego se fue, sin ni siquiera decir adiós, interesarse por su estado o solicitar ayuda. Unos viandantes llamaron a la policía local y entre todos lo llevaron a un banco mientras llegaba la ambulancia. Los sanitarios lo trasladaron directamente a urgencias del Parc Taulí, donde se confirmaron los peores pronósticos


En la seguridad vial no vale el y tú más. Por supuesto, hay viandantes imprudentes que cruzan las calles por donde no deben o que no respetan los semáforos. Pero son los más débiles y las ciudades deberían estar pensadas para las personas, no las máquinas. También hay incivismo entre los biciclistas (la bici no hace al ciclista, ni el caballo al caballero), pero los accidentes protagonizados por patinetes eléctricos van en aumento.


La DGT considera que estos ingenios, que pueden alcanzar gran velocidad sin necesidad de trucar su motor (alguno, incluso, los 100 km/h), son vehículos a todos los efectos y sus conductores deben respetar las normas de circulación. Pero se pueden usar “sin necesidad de seguro, con lo que ello comporta. Sus usuarios deberían asegurarlos desde el primer día. Con prudencia y más seguros se evitarían casos como el de Manel”.


Este vecino de Cerdanyola del Vallès se ha impuesto volver a caminar para retomar el punto en el que estaba el 5 de abril, antes de que lloviera sobre mojado. Puede caminar con dolores, pero la rodilla se resiente especialmente cuando sube escaleras. “Lo que me ha pasado a mí le podría haber ocurrido a una mujer o a un hombre con un bebé en brazos y ahora estaríamos hablando de algo mucho peor”.


“Los padres debemos inculcar a los hijos el respeto a los demás. Las aceras son para los viandantes, para las personas, no para los vehículos. Cada uno tiene que circular por su espacio y con cuidado. Pero, sobre todo, si cometes una imprudencia, no te puedes ir y abandonar a tu víctima en la calle, como si fuera un mueble”. Por eso, quiere que localicen a la infractora. “Me gustaría que al menos me mirase a los ojos y me pidiera perdón”.